Cuando me encuentro en uno de los momentos de ahora siempre termino cayendo en brazos del mismo hombre, ¿por qué será? Me resulta verdaderamente reconfortante.
Y mientras escucho su cantilena de fondo pienso en trivialidades y a colación, me acuerdo de otro chico. El otro día él me dijo que le gustaba hablar de cosas profundas y yo le contesté:
-¿Pero siempre? A mi me resultaría agotador. Creo que soy defensora de las conversaciones ligeritas. (Qué interesante puedo llegar a ser).
No sé si le gustó la forma en que lo dije o como lo dije porque concluyó asintiendo con cara pensativa. Una de dos: o quería que no siguiera hablando y me daba la razón como a los locos o en realidad creía que no estaba tan mal eso de las trivialidades, porque todo depende…
Y mientras espero el ascensor, sigo encadenando trivialidades al pensar que me he desconchado una uña durante un poco más del tiempo permitido. Y también chicos, pues mi pensamiento me lleva a otro igual de alto y corpulento que el anterior. Aquí me resulta más fácil la asociación porque lo tengo al lado y quizá esta sea la única vez que podré dar una imagen decente de mí misma ante sus ojos.
Siempre he pensado que todos tenemos nuestro público en relación a cuestiones del corazón. Lo interesante es que nuestro público coincida con nuestros gustos, es decir, que nos sintamos atraídos por gente a la que atraemos.
Eso ya sí que es otro cantar…
Puedo decir que formo parte del público del chico de al lado, pero lo que no tengo claro es que yo sea su público, y desde luego, tampoco gano puntos para formar parte de ese selecto grupo. Siempre que coincidimos y nos saludamos no doy para más:
-Holaaa, ¿qué tal? ¿Me morderá si lo acaricio? (Me refiero a su perro).
Lo peor no es lo que digo, que es poca cosa, es como lo digo. ¿Qué murmullo indescifrable es ese que sale de mí? Y en estos momentos, ¿puede haber algo peor? Pues sí, lo hay. Intento no pensar y hacerme la mejor amiga de los perros para acercarme al suyo, cosa que me viene bastante larga pues ya sabéis, y para los que no lo sepan os lo cuento, mi trauma con los caninos desde que iba a infantil.
Perros rabiosos
Hace mucho, muchísimo tiempo, cuando yo era una pequeña criatura inquieta, iba con mi madre por la calle. Ella se paró a hablar con otro adulto y yo, para matar el tiempo, me acerqué a un perro pequeñísimo que había cerca, y toda amorosa, le toqué la cabecita dulcemente al impertinente animal que ni corto ni perezoso se me enganchó a la pierna intentando arrancármela de cuajo. Menos mal que llevaba mis vaqueros puestos que si no me pega la rabia. Lo recuerdo como un día nefasto, donde mi madre fue mi salvadora. Si no es por ella el incontrolable sabueso me arrebata lo que puede y más. Mi buena fe y mi afán cariñoso resultaron heridos y despreciados, y desde entonces, los perros no me dan demasiada confianza por mucha cara de buen animal que tengan.
El caso es que ahora es un buen momento para deshacerme de ese pequeño trauma y ganar puntos ante él. Me tiro al barro y acerco mi mano a la carita de su canino pachón con toda la valentía del mundo. El resultado es un chiste porque la cara de susto que tengo no me la quita nadie. El dueño se ríe con poca gracia sabedor de lo que siento en mi fuero interno. Canto a lo lejos que no soy como la del anuncio de aquella peli …Y que le gusten los perros. Para colmo, cuando llegamos a la planta cero y se abre la puerta, una chica espera al chico de al lado y…
En su mano lleva una correa con un perro igualito al de su chico. Pienso que es una versión femenina del sabueso bonachón. No se puede soportar algo tan ideal.
Dicen que los perros se parecen a los amos, pero en este caso creo que es al contrario. Primero llega el perro tranquilón con nombre de héroe épico cinematográfico y luego el amo con una expresión igualita. Forman una pareja verdaderamente pachorra y tierna. No quiero mirar más al perro de su chica por las conclusiones a las que pueda llegar, así es que lo mejor que puedo hacer en estos momentos es esfumarme y dejarles a ellos todo el amor canino del mundo.
La canción del día

